Volver. Volver a veces no es fácil y no justamente por tener que acostumbrarse a la rutina nuevamente. Volver a veces se hace difícil... cerrar la puerta y dejar atrás algo, también.Llevamos una hora de vuelo. Hicimos escala de tres horas en Caracas luego de 9 horas de vuelo desde Madrid. Nos esperan 6 horas más de viaje hasta llegar a Buenos Aires cuando escuchamos: "Personal de tripulación, prepárense para el descenso" y vemos que una azafata con cara de pánico y una sonrisita histérica sale corriendo a sentarse y ponerse el cinturón de seguridad. Mientra el avión da una vuelta en U dejando el hilo de sol que queda en la ventanilla opuesta (les debo los puntos cardinales) Facu me mira y me dice "Preparate porque se va a mover mucho" a lo que yo respondo "No, estamos bajando, pasa algo" En ese momento nos interrumpe el comandante de abordo que habla con un acento venezolano muy pausado "Señores pasajeros, hemos tenido un inconveniente por lo cual estamos regresando al aeropuerto de Caracas" Esta pausa es eterna, las caras de pánico y ansiedad son muecas que aún ahora puedo recordar en stop motion. "Uno de los indicadores nos está marcando que la puerta delantera derecha se encuentra abierta por lo cual la cabina no puede presurizar adecuadamente. Por tal motivo nos vemos en la obligación de volver a Caracas para chequear la puerta" Sí, en este momento tengo miedo, pero me controlo y pienso que es una falla menor, que está todo bien y que no hay motivos para entrar en pánico. Por otra parte estamos sentados en los últimos asientos del avión y no puedo dejar de pensar que escuché en algún lago que es la parte más peligrosa. A los 20 minutos de vuelo miro por la ventanilla y de ambos lados veo humo que sale de las turbinas. En ese mismo momento el corazón me empieza a latir muy lento... tengo un susto tan grande que no puedo ni siquiera darme el lujo de una taquicardia.
Yo -Facu, sale humo de las turbinas-
F - Quedate tranquila que no es humo. Están tirando el combustible porque no podemos aterrizar con el tanque lleno... lo vi en un documental-
En ese momento pienso dos cosas: la primera es que nunca más me voy a quejar cuando Facu esté mirando esos documentales que me embolan, la segunda es que algo grave está pasando para que el píloto decida volver y tirar todo el combustible.
A los veinte minutos de esto anuncian "...nos encontramos tirando el combustible sobre una zona autorizada para que nos permitan aterrizar en Caracas"
Desde que nos anuncian el desperfecto hasta que finalmente aterrizamos en Caracas pasa una hora. Eterna, angustiante. El piloto aterriza y luego de carretear unos segundos vemos que nos espera una flota de bomberos, ambulancias y policías con las sirenas encendidas y en ese momento dimensiono lo que nos podría haber pasado y sale todo junto, desde adentro, sin permiso: una catarata, una convulsión, un llanto acongojado. Un recordatorio más de la fragilidad que tiene la vida... los destellos de felicidad, etc.
"Señores pasajeros, yo entiendo la preocupación que tienen, pero no hay motivos para temer. Yo les aseguro que vamos a llegar a Ezeiza sanos y salvos!"
El comisario de abordo no nos da ninguna tranquilidad pero la verdad es que para llegar a casa cuanto antes no queda otra alternativa que respirar hondo y rezar por poder dormir la mayor cantidad de horas posibles.
Esta fue la única experiencia fea que me tuve en este mes que no estuve... quizás les pueda parecer negativo contar esto y no las 10001 cosas increíbles que vi... A mí me pareció un recordatorio: "Hey! nena! Valorá todo esto bueno que te está pasando! disfrutalo mucho! respira bien hondo, festejá cada segundo"
Amsterdam y Brujas